martes, 31 de marzo de 2009

El barrendero de sueños


Cuando se han acabado los sueños, cuando te has despertado y has dejado el mundo de locura y gloria por el yugo mundano y diurno, a través de los escombros de tus fantasías abandonadas camina el barrendero de sueños.
¿Quién sabe lo que era cuando estaba vivo? O si, en realidad, estuvo vivo alguna vez. Seguro que no contestará tus preguntas. El barrendero habla poco, con su voz áspera y gris, y, cuando habla, es más que nada sobre el tiempo y las perspectivas, victorias y derrotas de ciertos equipos deportivos. Desprecia a todo el que no es él.
Justo cuando te despiertas viene a ti y barre y recoge reinados y castillos, y ángeles y búhos, montañas y océanos. Barre la lujuria y el amor y los amantes, los sabios que no son mariposas, las flores de carne, el correr de los ciervos y el hundimiento del Lusitania. Barre y recoge todo lo que dejaste en tus sueños, la vida que llevabas puesta, los ojos por los que mirabas, el examen que nunca pudiste encontrar. Uno a uno los barre: la mujer de dientes afilados que te hundió los dientes en la cara; las monjas de los bosques; el brazo muerto que salio del agua tibia del baño; los gusanos escarlata que te recorrían el pecho cuando te abriste la camisa.
Lo barrerá y recogerá: todo lo que dejaste al despertar. Luego, lo quemará, para dejar el escenario limpio para tus sueños de mañana.
Trátale bien, si le ves. Sé educado con él. No le hagas preguntas. Aplaude las victorias de sus equipos, dile cuánto sientes sus derrotas, dale la razón respecto al tiempo. Tenle el respeto que él opina que se le debe.
Porque hay personas a las que ya no visita, el barrendero de sueños, con sus cigarrillos liados a mano y su dragón tatuado.
Las has visto. Les tiembla la boca y sus ojos miran fijamente, y farfullan y lloriquean y gimotean. Algunos recorren las ciudades vestidos con andrajos, sus pertenencias bajo los brazos. Otros están encerrados en la oscuridad, en lugares donde ya no pueden hacer daño, ni a ellos mismos ni a otros. No están locos, o mejor dicho la pérdida de juicio es el menor de sus problemas. Es peor que la locura. Te lo dirán, si les dejas: son los que viven, cada día, en los escombros de sus sueños.
Y si el barrendero de sueños te abandona, nunca volverá.
Neil Gaiman

sábado, 28 de marzo de 2009

Sumate !!

Una hora sin luz eléctrica. El 28 de marzo del 2009 decenas de millones de todo el mundo apagarán las luces a las 8:30 pm hora local para expresar preocupación por el cambio climático. La iniciativa del World Wildlife Fund busca crear conciencia sobre el deber que tiene cada individuo de contribuir a ahorrar energía y de cómo una acción conjunta puede frenar el calentamiento global.En el 2008, 50 millones de personas se sumaron a la Hora del Planeta y edificios emblemáticos como el Empire State y el Coliseo de Roma y el Golden Gate también quedaron a oscuras.

jueves, 26 de marzo de 2009

El Espantapájaros



Un hombre que paseaba por el campo se topó con un espantapájaros.
—Debes de estar cansado de estar siempre aquí, en este campo solitario,
sin nada que hacer –comentó el hombre.
Respondió el espantapájaros: —El placer de alejar el peligro es muy grande,
y yo nunca me canso de hacerlo.

—Entiendo. Yo también he actuado así últimamente, con buenos resultados
—afirmó el hombre. —Pero sólo se pasa la vida espantando las cosas aquel que
está lleno de paja por dentro —repuso el espantapájaros.


Al hombre le llevó algunos años comprender esta respuesta: todo cuerpo que tenga
carne y sangre en su interior ha de aceptar de vez en cuando lo inesperado.

Pero quien no tiene nada por dentro, continuamente aleja todo lo que se le aproxima; y,
así, ni siquiera las bendiciones de Dios consiguen acercársele.

Título original:

Y mientras camina…

Autor: Paulo Coehlo

miércoles, 25 de marzo de 2009

La felicidad

El concepto de felicidad es muy diferente de unas personas a otras y aunque hay cosas y sensaciones que pueden ser comunes, los gozos de unos pueden ser la pesadilla de otros; así, el escalador es feliz arriesgando su vida para vencer a la montaña mientras que una persona normal sentiría pánico por verse expuesta a esos riesgos. Algunas personas son felices llevando una vida tranquila y segura mientras otras se mueren de aburrimiento si no hay en su vida cambios, novedades y fuertes excitaciones.
La felicidad depende más de lo que ocurre dentro que de lo que nos sucede fuera; de las ideas que tenemos sobre nosotros mismos y sobre la vida. Depende de todos los misterios que viven en el Bosque Mágico de tu Mente.
Dentro de tu mente lo tienes todo.El Sol y la Luna, Las montañas y los valles.Los colores del amanecer y las sombras de la noche.La alegría de las cascadas y la niebla espesa que empapa el alma de nostalgias infinitas.
Dentro de tu mente está la mano que te acaricia y la piel que tanto añoras.
Si buscas dentro de tu mente, siempre encontrarás razones para ser feliz y también para permanecer en la tristeza.
Porque tu felicidad no depende de lo que haces ni tampoco de lo que tienes.

No depende de cómo sea tu cuerpo ni de que tengas más o menos dones.
Sólo depende de lo a gusto que estés con lo que haces,con lo que tienes,con tu cuerpo
y con tus dones.
Básicamente, la Felicidad depende de que realmente quieras ser feliz y estés tan a gusto contigo mismo como para poder sentir todo el Amor de la Vida que te ha permitido existir.

sábado, 21 de marzo de 2009

El eclipse

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora. Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo. Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas. Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida. —Si me matáis —les dijo— puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura. Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Augusto Monterroso