martes, 3 de noviembre de 2009
Por Eleuterio Fernández Huidobro *
Si frenteamplistas y colorados no fuéramos "amarretes" tendríamos que hacer una "vaquita" para comprar una caja de whisky y regalársela a Lacalle con un ferviente deseo en tarjetita: "¡No se muera nunca doctor!".
Lo dijimos acá y en mil lados: Lacalle adquirió como una especie de gripe porcina que le da predilección por conducir desastres. A la vista está el penúltimo.
Contra él la victoria está asegurada. Vale más tenerlo como adversario que tener la mayoría parlamentaria. Ser su adversario es un regalo de la divina providencia. Ser su compañero de aventuras, un castigo del demonio.
Como ambos tenemos raíces católicas: maristas uno, salesianas el otro podemos encarar la política (y todo lo demás) desde el punto de vista de cierta confesión religiosa.
Durante la noche del 25 al 26, a la hora de gallos, Lacalle, ahumado por inciensos equívocos, y también por el suicidio político de Bordaberry, aseveró que la divina providencia lo puso en el lugar que estaba.
Efectivamente es así y Mujica no debe calentarse ni andar diciendo que no es changa competir con el candidato de Dios (textual).
Está mal asesorado. Necesita un cura de ser posible jesuita.
Como siempre, Lacalle omitió decir el resto de la muy cruel (para él) verdad: que a Mujica también lo puso donde está la divina providencia agregándole la gracia de una enorme ventaja en votos, la de una sólida mayoría parlamentaria y una cantidad de blancos y colorados que prefieren cortarse la mano antes de votar a Lacalle.
Dicho de otro modo: la providencia, lo puso de perdedor.
Y de castigo al Partido Nacional quién sabe por qué pecados. Porque algo muy grave debe haber hecho ese partido para merecer tantos palos de Dios quien para ello además, debió mandarse bruto milagro en sus internas.
Tal vez violar el segundo mandamiento: "No usarás el nombre de Dios en vano".
Porque justamente eso es lo que hizo en su misa de gallo el Dr. Lacalle. Aunque lo mismo había perpetrado monseñor Cotugno intentando meter a Dios de pegatinero.
Los columbramos quemándose mano a mano en el infierno y a nosotros pidiendo su amnistía.
Por lo tanto, ahora no sabemos a quién mandar la caja de whisky: Dios anda mamándose por los boliches del Cielo pero con vino y es dificilísimo conseguir alguno mejor que el de las bodas de Canaan y la "Ultima Cena". Nos dijo que esa era su sangre, pero de Escocia nada dijo.
¡Y sí!, fue la divina providencia quien puso a Mujica con su espada flamígera como arcángel San Miguel en motoneta para expulsarlos a los dos, Lacalle y Larrañaga, al este del paraíso presidencial.
Bien lejos y sin posibilidad de retorno. Ahora, a ganarse el pan con el sudor de sus frentes y a parir con dolor porque encima deberán reproducirse para que el Frente Amplio goce el bien de tener disponibles en el futuro muchos adversarios como ellos.
Lacalle olvidó que también Dios es de todos y para todos. Siempre cree ser el dueño universal. Tiene un sentido latifundista de la vida.
No sabe, y si sabe discrepa, que Dios es para los más pobres y de los más pobres. Ellos son, más que la imagen de Dios, Dios mismo.
Cuando insultó a los pobres llamándolos atorrantes, blasfemó.
Como toda su vida.
Cuando calificó de cueva y sucucho la casa de Mujica blasfemó contra el establo de Dios y su casita de carpintero.
Cuando dijo que lo lindo es un hombre alto, rubio y de ojos azules, blasfemó contra el judío Jesús y, de paso, contra las uruguayas y contra Herrera que no quería saber nada "con los rubios del norte".
Cuando llamó a no invertir hasta que él ganara (condenándonos de modo tan atroz al socialismo) incurrió en los pecados de soberbia y escándalo. Lo que es peor aún: escandalizó inocentes por lo que pecó también contra el Espíritu Santo. El peor de los pecados.
Cuando propuso bañar a los pobres blasfemó nuevamente no solo contra Dios sino contra su palabra: que los declaró bienaventurados y santos (limpios).
Con todo este prontuario (hay más) pasará antes un camello por el ojo de una aguja que Lacalle rumbo a la Presidencia.
¿Que le pasa a este hombre?: Cree y quiere ser latifundista (y no lo es); aristócrata (menos aún); rico (alcanza apenas a ser riquito)... Es un ejemplar de cierto "tipo" humano en extinción ya por la década de los cuarenta.
Católicos ultramontanos no llegaron a ser cristianos ni tampoco católicos a secas. Sus últimas tribus populosas habitaron Portugal y España hasta que murió Franco o, a lo sumo hasta el Tejerazo. En la Argentina perpetraron malones hasta hace pocos días. Y en Uruguay tomaron el poder en 1973 para dejarlo recién en 1984. Yendo a misa diaria luego de ordenar fusilamientos.
Si se quiere un ejemplo paradigmático de lucha a favor de las ideas de Primo de Rivera léanse las obras de Juan María Bordaberry (senador blanco, presidente colorado y dictador).
Falangistas revenidos que no llegaron a falangistas porque tardaron.
Pero porque tardaron lucieron serlo sin poner una gota de hemoglobina en ello. Ni qué hablar de la vida: como los otros.
Digamos que eran algo así como falangistas burocráticos. Pero hacen el mismo daño.
O peor, porque aquellos vestigios de la Edad Media fueron barridos de la faz de la tierra por las tropas Aliadas en 1945. Pero acá no llegó la escoba aunque sí los criminales de esa guerra. Sus ideas duraron aquí mucho más que en Alemania, Italia, España, Portugal... Creemos que esa impostura ideológica influyó mucho sobre el inerme joven Lacalle que, ya entrado en años pugnó y pugna sinceramente por hacerse republicano pero no puede con su genio. A pesar de los enormes esfuerzos que gasta para llegar al centro desde la derecha más rancia (viaje larguísimo y extenuante), le salen desacatados para afuera, en medio del cansancio, los reflejos condicionados como impresentables pelos hirsutos por debajo de la impecable camisa. Que no se ofenda: hay muchos/as como él y no es nuestro afán ofenderlos sino simplemente explicarlos.
Si la voz del pueblo es la voz de Dios, ella se oyó muy fuerte cuando se contaron los votos. La corroboración fue el discurso de Lacalle: Dios, que también maneja encuestas, lo puso allí, en la derrota y para ella.
Contratapa diaro La Republica, Uruguay
* Escritor, senador de la República.
viernes, 23 de octubre de 2009
Cuando se tiene un hijo.
Se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga,
y al del coche que empuja la intitutriz inglesa,
y al niño gringo que carga la criolla,
y al niño blanco que carga la negra,
y al niño indio que carga la india,
y al niño negro que carga la tierra.
Cuando se tiene un hijo,se tienen tantos niños
que la calle se llena,
y la plaza, y el puente,
y el mercado, y la iglesia,
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle
y el coche lo atropella,
y cuando se asoma al balcón,
y cuando se arrima a la alberca;
y cuando un niño grita, no sabemos
si lo nuestro es el grito o es el niño,
y si le sangran y se queja,
por el momento no sabríamos
si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.
Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño
que acompaña a la ciega,
y las Meninas, y la misma enana,
y el Príncipe de Francia, y su Princesa,
y el que tiene San Antonio en los brazos,
y el que tiene la Coromoto en las piernas.
Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,
todo llanto nos crispa, venga de donde venga.
Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro
y el corazón afuera.
Y cuando se tienen dos hijos,
se tienen todos los hijos de la tierra,
los millones de hijos que con las tierras lloran,
con que las madres ríen, con que los mundos sueñan;
los que Paul Fort quería con las manos unidas
para que el mundo fuera la canción de una rueda;
los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,
quiere con Dios adentro y las tripas afuera;
los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima,
entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,
porque basta para que salga toda la luz de un niño
una rendija china o una mirada japonesa.
Cuando se tienen dos hijos,
se tiene todo el miedo del planeta,
todo el miedo a los hombres luminosos
que quieren asesinar la luz y arriar las velas,
y ensangrentar las pelotas de goma,
y zambullir en llanto los ferrocarriles de cuerda.
Cuando se tienen dos hijos,
se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,
toda la angustia y toda la esperanza,
la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,
si el modo de llorar del universo
o el modo de alumbrar de las estrellas.
Andrés Eloy Blanco
martes, 13 de octubre de 2009
Ayer leia a Hector Galmes, un excelente escritor uruguayo de la generacion del 60.
En cierto capitulo el protagonista describe el barrio donde vivia su amanda. Muchas de las cosas que narra , yo las vivi en mi niñez, sin darme cuenta me llevo de la mano a mi viejo barrio de la infancia .
Entre de cabeza en mi viejo patio, con su embaldosado ,rodeada de las macetas de mi madre , y claro, no podia ser de otra manera , era verano , aroma a jazmines y a las flores de azahar del limonero, bajo el cielo verde
y tremulo de las hojas de la parra . La puerta del largo zaguan con su cancel, los paraisos floridos sombreando la calle.Mis hermanos, los niños de los vecinos y yo jugando hasta la noche en las anchas veredas . Las vecinas al anochecer sacaban sus sillas y perezosos a la acera para escapar del calor , vigilar los niños y ponerse al dia con el acontecer del barrio.
Todo era tan distinto...y tan lejano...
Por las mañanas, haciendo un ruido tremendo, pasaba el basurero, recogia las latas de basura (nada de bolsas de naylon) para volcarlas en un gran carro gris tirado por varias mulas.
Lo seguia, el vendedor de hielo, comprabas un trozo que llevabas envuelto en diario corriendo a la "heladera ".Te asegurabas de vaciar la bandeja que abajo de ella recibia el agua a medida que se derretia el hielo.
Luego se anunciaba a los gritos el panadero , temprano, llegaba con su jardinera tirada por un viejo caballito, rodeado del aroma de pan recien hecho.Recuerdo que a veces le cambiaba un canasto de uvas por bizcochos o una rosca de frutas.
Pasaba el verdulero, un tano rezongon, que al decir de las vecinas, tenia su balanza " arreglada".para despachar de menos.
Que se habran hecho de las las quintas,de los patios con claraboyas,de los tablados en las esquinas.En fin, el progreso se llevo todo eso, pero a veces, como anoche la nostalgia nos hace una visita .
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"El barrio donde ella vivia era de los mas alegres de la ciudad.Un aire claro chorreaba sobre las fachadas . Las puertas entreabiertas descubrian abigarramiento de macetas en las que crecian la cretona, el corazon de estudiante, el malvon,el esqueleto de caballo, la alegria y el culandrillo ; habia ancianos inmoviles, de venerable transparencia,dentro de los replandores que irrumpian por las claraboyas ; habia mujeres rollizas en los umbrales y niños que dejaban los juegos y las riñas cuando los vendedores de churros o de barquillos , cantaban su melopea bajo los platanos.La dicha que salia de las casas sabia a hojaldres y a manteca, a oregano fresco y a tomillo.Pasaban lavanderas con enormes atados de ropa sobre la cabeza. Ropa de viejos, de adolescentes, de niños, de putas y virgenes: el mundo encerrado en un trozo de cotin, tan limpio como descolorido ; el mundo perfectamente equilibrado sobre la cabeza jocunda, roja de vino e intemperie.Me paraba ante la puerta de hierro forjado como ante un limite magico. Tocaba el timbre y aguardaba a que la imagen deseada volviera a crearse en la penumbra distante de la sala, en el umbral de la cancel, entre los marmoles del zaguan, tras los vidrios de la puerta de calle donde la quinta de enfrente parecia sumergida en un acuario abandonado."
Hector Galmes.
Necrocosmos
viernes, 14 de agosto de 2009
Había un juego de ordenador, me lo dieron,uno de mis amigos me lo dio, él jugaba,dijo, es genial, deberías jugar,y lo hice, y lo era.
Lo copié del disquete que me dio para cualquiera, quería que todo el mundo lo jugara.Todo el mundo debería pasárselo así de bien.Lo envié por la red a tablones de anuncios pero principalmente se lo envié a todos mis amigos.
(Contacto personal. Así es como me lo habían dado a mí.)
Mis amigos eran como yo: a algunos les daban miedo los virus,alguien te daba un juego en un disquete y a la semana siguiente o en un viernes 13 te reformateaba el disco duro o te corrompía la memoria.Pero éste nunca lo hizo. Éste era segurísimo.
Empezaron a jugar:cuanto mejor juegas más difícil se vuelve el juego;quizá no ganes nunca, pero puedes llegar a ser bastante bueno.Yo soy bastante bueno.
Por supuesto que tengo que pasar mucho tiempo jugando.También lo pasan mis amigos. Y sus amigos.Y las personas que te encuentras, las ves,que andas por las autopistas viejas o hacen cola, lejos de sus ordenadores,lejos de las salas de juegos que surgieron de la noche a la mañana,pero que lo están jugando en su cabeza mientras tanto,combinando formas,cavilando sobre curvas, poniendo colores junto a colores,girando señales hacia secciones nuevas de la pantalla,escuchando la música.
Claro que sí, la gente piensa en él, pero sobre todo lo juega.Mi récord son dieciocho horas seguidas.40.012 puntos, 3 fanfarrias.
Juegas a pesar de las lágrimas, el dolor de muñeca, el hambre, después de un rato todo desaparece.Todo menos el juego, debería decir.
Ya no me queda sitio en la mente; sitio para otras cosas.Copiamos el juego, se lo dimos a nuestros amigos.Trasciende el lenguaje, ocupa nuestro tiempo,a veces creo que últimamente me olvido de cosas.
Me pregunto qué le pasó a la TV. Antes había TV.Me pregunto qué pasará cuando me quede sin comida enlatada.Me pregunto adónde ha ido toda la gente. Y entonces me doy cuenta de que,si soy lo bastante rápido, puedo poner un cuadrado negro junto a una línea roja,duplicarlo y hacerlos girar para que ambos desaparezcan,despejando el bloque izquierdo.para que suba una burbuja blanca…
(Así que ambos desaparecen.)
Y cuando la electricidad se apague para siempre entonceslo jugaré en la cabeza hasta que me muera.
Título original: VirusAutor: Neil Gaiman
miércoles, 5 de agosto de 2009
martes, 4 de agosto de 2009
Un joven jardinero persa dice a su pr?ncipe:
??S?lvame! Encontr? a la Muerte esta ma?ana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispah?n.
El bondadoso pr?ncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el pr?ncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:
?Esta ma?ana, ?por qu? hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?
?No fue un gesto de amenaza ?le responde? sino un gesto de sorpresa. Pues lo ve?a lejos de Ispah?n esta ma?ana y debo tomarlo esta noche en Ispah?n.
Texto original: El Gesto de la Muerte
Autor: Jean Cocteau
lunes, 3 de agosto de 2009
Toqué las puertas de la risa y me burlaron. Pisé los adoquines, las esquirlas y las alfombras de unte quiero almidonado. Trepé los aposentos de la espuma, del miedo y del espanto. Me adentré. Anduve.Troté. Esquivé salté y me empujaron. Los verbos, los sujetos, los objetos (y el otoño, con sucrujiente cortina de hojas idas), cedieron, me abrieron paso hasta allá, al mismo fondo del olvido.
Olvido, creo que dije. Llamé. Grité. No respondieron mi llamado. Pienso que me senté (no lo recuerdo ahora, pero no importa), sobre una tarima de palabras, de versos, de jirones, de aliento. Unalfabeto adusto y ocre me desató de un tajo los zapatos. Me penetró hasta el metacarpio de las penas. Me hirió y sangró conmigo a la bartola, hasta el alba. Soñamos y, hechos carne y uña, dedo y llaga, despertamos ante el umbral impresionista de un sueño a campo abierto, luz del viento, una muchacha. Una muchacha loca y amplia, una muchacha ebria es el olvido. Una muchacha en mangas de camisa, desmadejando al aire negrísimos cabellos, trotando manisuelta por las sórdidas melenas de la tarde. Una muchacha triste, con ojos de aguaclara y despoblada, con música, con góndolas, con labios y amapolas, dramática, sinfónica, mordaz. Una muchacha lúdica, pálida como una lámpara en el baldío.
Una muchacha púb(l)ica, coral, sola y difusa, y el olvido. Permiso, dije para entrar, y entré al
olvido. Abracé a la muchacha. Mondé el poema por su esquina más dúctil y lo engullí. Era un poema fibroso, carnal, de jugos transeúntes y embriagantes, tan limpio como el fuego. Metálico, frutal. Un poema lavado de recuerdos, óptimo para el olvido. Había perdido la memoria en un recodo del camino. Era un poema erecto, viril, con su guitarra blasonada de silencios, con la alegría rota en un falsete y la tristeza muerta y desolada. Un poema desnudo, como la muchacha en mangas de camisa. Un poema sin nombre, como todos los hombres.
Estoy dentro -dije- y no me salgo. Enciendo de mis pipas la más bella, la de espumas de mar, y te invito a que entres y te sientes. Toca. Palpa. Desnuda a la muchacha. Restriégate el poema por el iris, por las carnes. Te invito: entra al olvido, no hacen falta artimañas. Aquí, plácido el poema, con toda la piel poblada de amarguras, latiendo en carne viva, te invita a sentar reales. Ven, no te acobardes. Oye al olvido, diciendo el nombre de las cosas por su nombre. Contándonos su historia sin historia. Y Heráclito, su fuego, los puentes y los gatos y los pasadizos. El hombre olvida. El poeta olvida. El amigo. Toda una geografía que palpita a borbotones, mentando madres, diciendo amor como bazooka, ardiendo en llamas de ternura, óyelo. No es un paisaje acompasado y mustio. No es un cassette para colección. Es más......olvida, ya no podrás salir. Eché las siete llaves del olvido.
René Rodríguez Soriano
Santo Domingo
República Dominicana
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